Te preguntaste alguna vez de dónde viene la costumbre del gorro de cocinero? No parece muy práctico para quien está inmerso en la vorágine de una cocina profesional, pero tiene su razón de ser y su origen se remonta al siglo XIX.
Las prendas de vestir constituyen verdaderos símbolos y rasgos de personalidad. La indumentaria comunica ideas, estilos, higiene, gustos, nacionalidad, inclinaciones y todo un cúmulo de información. El gorro y el sombrero han sido a lo largo de los siglos la punta del iceberg, el rasgo más característico de una clase social o una profesión.
La cocina, como otras disciplinas, también ha supuesto una clara influencia histórica. Para muchos, el gorro de cocinero, alto, hueco plisado y tubular respondía a la idea de una corona blanca. Su altura distinguiría al chef, el artista, al creativo, del resto de los ayudantes y cocineros de menor categoría.
La forma cilíndrica y alta también posee una vertiente práctica ya que mantiene fresca y acondicionada la cabeza del profesional, como así también protegida ante las altas temperaturas de la cocina. Actualmente, es inevitable vincular la práctica culinaria a la higiene, por ello otra función del gorro de cocinero es la de cubrir el cabello y evitar cualquier contacto con los alimentos. Seguramente por todas estas razones, no es de extrañar que su característica forma no haya sufrido modificaciones desde su entrada en la escena culinaria.
No obstante, la invención del gorro tal como la conocemos hoy en día se atribuye a uno de los visionarios de la cocina francesa del primer tercio del siglo XIX, el famoso Anonin Carême. El gran cocinero de la corte europea de principios de siglo fue uno de los primeros que se preocuparon no sólo de la creatividad culinaria sino de las condiciones del trabajo. A él se debe la implantación del uniforme blanco, símbolo de limpieza y, por supuesto, del gorro de cocinero, inspirado en las tocas que usaban las doncellas austriacas.